Filosofía
La caída perfecta IV
Empujado al abismo del conocimiento del bien y del mal, el ser humano descubre, no sin dolor, que la caída nunca fue un descenso. Fue una caída hacia dentro: hacia la hondura de sí, hacia ese núcleo interior donde la conciencia despierta, donde la inocencia se rompe y comienza la ardua tarea de llegar a ser.
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